Empoderamiento

Qué bonita palabra, cuántos matices recoge y qué incomprendida aún en nuestra sociedad. Llevo un tiempo viendo como este concepto va teniendo presencia en el papel, pero la tinta se me diluye cuando la quiero leer en la realidad.

Pero para que nos pongamos en contexto, empecemos por el concepto de emponderamiento. Traducción de Empowerment, el término Empoderamiento de las Mujeres fue introducido en nuestra sociedad en la III Conferencia Mundial sobre la Mujer de Las Naciones Unidas que se celebró en Nairobi en 1985 y hace alusión a un aumento de la autoridad y poder de las mujeres sobre los recursos y las decisiones que afectan a su vida. En la actualidad, y “solo” han sido necesarios 33 años, parece que el termino algo de forma coge gracias al altavoz que puede suponer las redes sociales (que a veces no son solo de postureo y cumplen una función mucho más profunda que lo superfluo que en muchas ocasiones vemos). Así, que sumándome al ejemplo e intentando desde mi conciencia individual influir en el cambio social, me tocan experimentar vivencias muy ‘surrealistas’ por esta decisión.

Nos guste o no, continuamos viviendo en condiciones de inequidad con dificultades añadidas para acceder a recursos económicos, educativos y a espacios políticos y de decisión por el simple hecho de nacer mujeres. Solo hay que encender la televisión y ver la sociedad patriarcal que concede la libertad para aquella manada de animales, la necesidad de las mujeres de empezar a unirse en una red que consiga sumar llantos individuales en un grito común y esto es muy importante, haciéndose imprescindible, porque a veces las más machistas somos las propias mujeres.

La responsabilidad biológica de la reproducción tiene un coste extra para nosotras, y no me refiero solo a la tasa rosa (que alguien debe pensar que yo elijo el menstruar o no), sino a una tasa para el crecimiento laboral y de responsabilidad. Cada vez más mujeres renuncian a la maternidad, cada vez es más difícil conciliar, porque cuando eres madre pareces difuminarte un poco como entidad individual y eso es una barbaridad social. Respeto, entiendo y comprendo completamente esta decisión, pero también espero que el que yo decida ser madre no suponga mi castración (y que bien viene este adjetivo más asociado al varón) como persona individual en los diferentes campos de mi vida. ¿Sabéis lo que muchos no entienden? Pues que si no invertimos en que la conciliación sea real, en que de verdad la mujer pueda decidir y sigamos con esta tendencia, nuestra envejecida sociedad y su PIB se verá sustentado por una pirámide demográfica con una base cada vez más pequeña que hará que se tambalee.

Muchas veces me llevo a mi niño a los actos, por varias razones. Soy atleta, por ende soy autónoma y también muchas veces tengo que ir actos, presentaciones o diferentes eventos en los que se espera apoye con mi imagen, pero no reciba contraprestación ninguna. Ante esto la gente te mira extrañada y se sorprende. Yo no entiendo por qué debo quitarme tiempo con mi bebé para regalarlo, cuando sé que él se comporta bien, sé dónde puede acudir o no, y además es un bebé lactante que me necesita. Pero lo que menos entiendo es que se me juzgue severamente por ello, se me haga sentir como una nota discordante y se me hagan comentarios jocosos como “te van a dar el título del año a ‘no sin mi hijo’”.  Ya me ocurrió cuando decidí mostrar como entrenaba durante la gestación, veo que el camino va a ser igual de tortuoso ahora…

Así que la mochila pesa cada vez más, cuando decides seguir haciendo lo que te gusta, continuar con tu trabajo y además estar lo máximo implicada en la crianza de tu hijo. Añade que como mujer siempre parece que te debes ver bien, radiante aunque las maravillas de la maternidad tornen tus ojeras más oscuras. Me gusta sentirme bella en lo que lo creo que es más una actitud que algo visible. También, como diría La Vecina Rubia, me encanta poder arreglarme mi pelazo siendo sabedora de que tengo cerebro debajo.

¡Pero ojo! Que tampoco puedes desentonar, no puedes ser una mujer que se sienta y refleje ese empoderamiento o que sobre unos tacones se ponga a la altura rebatiendo con argumentos y personalidad. Si haces esto, también te miran mal.

Así que solo deseo que esto empiece de verdad a calar, de que exista una sensibilidad real y que muchas de las niñas que vienen a actos como el hoy organizado en Zaragoza sobre Mujer y Deporte, el día de mañana no entiendan porque cuando ellas eran pequeñas estas acciones debían existir. Sé que aún me van a tocar muchos comentarios que aguantar, muchas miradas críticas y que lamentablemente muchas de ellas vendrán de mujeres. Solo espero que mi hijo el día de mañana, pueda tener un referente más allá del género de este, pueda elegir sin estereotipos y conozca a su mamá en su forma integral.

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2 comentarios sobre “Empoderamiento

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  1. Ay! Isabel! Cómo te entiendo! Es muy duro, hagas lo que hagas te van a decir algo (todavía). Así que ahora más que nunca hay que demostrar que queremos el cambio… A mi l fede de squash no me puso ni media pega en llevarme a mi bebé a los torneos de la selección, ya me encargaba yo de gestionarlo todo lo mejor posible: jugadoras, niñas, horas de sueño… fue duro pero me compensaba el cansancio. Pero fíjate, a un curso del CSD no me dejaron llevarla, aún daba el pecho así que llegué tarde, en el break de la comida (que es cuando la gente hace networking) me tuve que ir corriendo a casa para darle pecho de nuevo, volví a llegar justa a la sesión de la tarde y, desde luego, volver corriendo nada más acabó… vamos que poco provecho le saqué al curso cuando yo sabía que si la llevaba ella se iba a portar bien (ahora tiene 7 años pero en aquel entonces 3 meses), un bebé wue comía y dormía… me encanta la labor que estás haciendo! Mucho ánimo, yo te seguiré apoyando! Al igual que al resto de mujeres que queremos ser madres pero también desarrollarnos “fuera de casa”. Un saludo

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