Nuevas metas: la transición a la “vida” desde la competición

En plena visibilidad de deportistas de todas las especialidades, donde la viralidad llega para pronto marcharse, os voy a contar como estoy viviendo ese duro proceso que llega después: la retirada.

Siempre he crecido en este deporte preparada para el momento en el que estoy ahora, siempre he sido consciente de lo duro que iba a suponer psicológicamente este proceso. Pero ahora que estoy inmersa en él, os diré que hay días en los que es más difícil de digerir de lo que esperaba.

Esta transición depende muchísimo de la personalidad del deportista, de su situación y entorno personal, de la formación dual y de si el proceso ha venido acompañado de su incursión en el mundo laboral. No es lo mismo retirarte por una lesión, por propia decisión o porque uno está trabajando y tiene otra motivación.

Yo fui muy consciente siempre de que la incertidumbre de nuestro deporte, con suerte, me iba a permitir el vivir al día. Jamás una retirada con un colchón financiero como el que podemos imaginar en otros deportes. Por ello me preparé: tres carreras, un máster y trabajando en los momentos de lesión y embarazo.

Pensaba que así, el salto al vacío tendría una línea de vida, pero hay días que lo realmente siento es un miedo aterrador. Pienso en que voy a cumplir 37 años, con un hijo y una hipoteca, y que después de 7 meses desde que me retiré, aun no se “qué voy a ser”.

Porque ese es una de las primeras angustias que vinieron: ¿cuál será el siguiente paso?

Parece algo insignificante, pero cuando toda tu vida tus zancadas han ido pegadas a la cuerda, siempre buscando la calle uno e intentando cruzar lo más rápido posible la línea de meta… da vértigo no saber a dónde dirigirte caminando.

¿Hacia dónde iré? ¿Qué seré? El objetivo de buscar una nueva meta que te motive igual, que te haga emocionarte como el deporte lo ha hecho, que te llene de objetivos por los que dejarte la piel. No es fácil ni conseguirlo, ni desengancharte del sueño de volver a sentirlo.

Pierdes la seguridad de saber valer para lo que puedes lograr, te haces pequeño y cada entrevista laboral puede ser una puñalada moral. Un perfil muy sénior en formación y edad, una junior en experiencia y perfil laboral.

Pero cuando encima no puedes correr, como me pasa a mí por la lesión que me retiró, es aún peor. Porque pierdes la noción de ti, de tu equilibrio físico y mental, te sientes mal y, jamás pensé que diría esto, pero estoy más cansada que nunca. Pagaría lo que fuese por volver a doblar y sentirme más vital.

El síndrome del impostor, el abandono y la traición de tu cabeza… la triada del exdeportista

El síndrome del impostor, el abandono y la traición de tu cabeza… la triada del exdeportista.
Ojalá se abordase este tema de otra manera, ojalá se acompañase a todos esos nombres que suenan alto y luego se quedan en el olvido pronto. Ojalá ningún deportista tenga que sentirse en el punto de pensar: ¿de verdad mereció la pena?

Nacer con 36, en mi caso, no es fácil. Porque crecer en una nueva vida necesita de autonomía, pero con la tranquilidad de mirar hacia atrás y saber que hay alguien de apoyo detrás. Y el deportista, lamentablemente, de todos aquellos que aplaudieron, pocos quedarán.

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