LLega la hora

Llega para muchos de nosotros, los atletas, una semana crucial. Hoy arranca el Cto. de España Absoluto al aire libre en Castellón. Este fin de semana el nuevo tartán de la pista ‘Gaeta Huguet’ va a ser testigo de infinitas alegrías, de tremendas tristezas, de resignación y dolor, de esperanza e ilusión… un hervidero de emociones que son el resultado de la pasión de los casi 700 atletas que tomarán parte esta edición.

Este año, para llegar hasta aquí, el proceso para mí ha sido completamente diferente. Por primera vez en muchos años, llego fresca, cargada de ilusión y con energías renovadas. Esta temporada he tenido que cambiar ‘el chip’, he tenido que trabajar para quitarme malos hábitos adquiridos durante años de correr y competir por los demás y recordarme mi motivación principal: correr porque me gusta. Ha sido una temporada de resultados raros, irregulares, pero reflejo de que he salido a pasármelo bien, a buscar cosas más allá del crono. El fin no ha sido otro que volver a enamorarme de un deporte con el que la ruptura ha estado demasiado cerca, de encender de nuevo la chispa… de disfrutar en definitiva.

Según han avanzado las semanas he disfrutado más, porque cada semana mis piernas comenzaban a acompañar a mis ganas. Ha costado, pero por fin ha ido apareciendo ese equilibrio tan complicado entre cabeza, piernas y corazón.

Ha costado, pero por fin ha ido apareciendo ese equilibrio tan complicado entre cabeza, piernas y corazón.

Tras acercarme a mi marca personal de 800 en el meeting de Madrid, volvíamos a bajar de 4’10” una semana después en Heusden. No era el objetivo, ciertamente, pero ese días las sensaciones fueron malísimas, y la mala suerte en Lieja, fueron un lastre que me fui quitando zancada a zancada en la ciudad Belga. Pero ahí estaba, casi un año y medio después de muchos problemas de muchos tipos, volvía a rebajar esa barrera psicológica.

Quizá me hubiera gustado tener otro ‘milki’ más, después de ese paso adelante con el 4’09”, pero había que cumplir y nos plantábamos en Gijón. Así que no hay mal que por bien no venga y en el torneo de federaciones no había más que un objetivo: pasármelo bien. Y vaya que si me lo pase. En el 800 volví a reencontrarme con esa parte de mi que sabe ‘leer’ las carreras, por primera vez esta temporada corría tácticamente bien, hacia mi carrera y aunque por esos hándicaps mensuales, me encontré más pesada de lo que me hubiera gustado el último doscientos, me vi bien, con solvencia y fuerza. Pero aun quedaba más, el 4×400, una prueba que me encanta, si bien es verdad que después de más 3 horas en la pista desde tu prueba individual, las ganas van desapareciendo…hasta el momento del disparo.

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Así que de repente, cuando esperas a tu compañera en esa recta que parece ocurrir a cámara lenta, se empieza a activar un resorte que salta cuando te entregan el testigo. Y yo, que soy visceral cuando disfruto de verdad, me plantaba metida en un grupo compacto en el que no podía correr. Sabedora de que no nos ‘jugábamos’ ya mucho en la posición por equipos, ni lo pensé. Empecé acelerar la contrarrecta hasta colocarme primera. En ese momento mismo me dije: ‘agüita’ la que me espera. Efectivamente, al paso del 300 (41”1) estaba ese amigo fiel, el hombre del mazo… y vaya si me dio, pero aguanté de pie y avanzaba hacia la ultima relevista. Resumen: una competición que era de ‘transición’, se convirtió en un acicate de motivación para la gran cita de esta semana. Y es que viene por fin la gran semana, la de verdad, en donde quiero ganar, porque ganar es una palabra que no engloba solo la posición, sino muchas cosas más… Ha sido un largo camino el que me ha llevado hoy hasta Castellón, donde la meta está más allá de la final de mañana. Mucho ha llovido desde mi primer nacional en 2001, donde aquella juvenil se metió con marca personal a la final de las ‘mayores’. Pero al final, te das cuenta de que has cambiado y aprendido mucho, para volver al mismo sitio. A la línea de salida con los nervios a flor de piel, esos que se pueden llegar a disfrutar. Ese momento en el que casi me siento felina. Mañana, y no se me ocurría mejor momento, nuevas garras afiladas para una nueva Isa. A estrenar zapatillas, a estrenar ilusiones, a disfrutar sensaciones.

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Espero que veáis el campeonato por televisión, y que si leéis esto, quizá lo miréis con otros ojos. Como aquel que sabe de arte y sabe valorar un cuadro que a algunos solo nos puede parecer bonito o no, quizá leyendo lo que hay detrás de cada uno de esos 700 deportistas veáis mas allá del sudor, valoréis su dolor, su trabajo, su tesón… quien sabe, quizá se pueda llegar entender nuestro amor.  Allí estaré yo, con mi historia, con mis batallas, con mis heridas de guerra, pero sobre todo: con mi ilusión, mis ganas y mi trabajo.

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