5 errores a evitar en la técnica de carrera🏃🏼‍♀️⭕️

Siempre que voy a trabajar ejercicios de técnica de carrera con un grupo de corredores, me presento con mi lema inicial:

¿a qué todos hemos hecho caligrafía y cuadernillos Rubio cuando éramos pequeños? ¿a qué nadie escribe igual?

Y es que tenemos multitud de tutoriales, videos y experiencias de ejercicios de técnica de carrera. La gran mayoría de corredores lo introducen en su rutina de entrenamiento (eso espero), pero aún así, sentimos que no corremos todo lo bien que queremos.

Lo primero que debemos pensar es que nadie puede correr igual. Nadie tiene la misma morfología, ni fuerza, ni trabajo o incluso el peso. Por lo tanto es imposible que todo el mundo corra técnicamente igual, sino que cada uno debe buscar la mayor eficiencia con sus medios. Pero no solo en cuanto a rendimiento, sino pensemos también en prevención de lesiones.

Por ello, hoy no me quiero centrar en las cosas que debemos hacer para mejorar, que seguro que las habéis oído y leído mil veces. Sino que os voy a llamar la atención sobre los errores más comunes que observo y que debemos evitar cuando trabajamos este aspecto tan fundamental como es el trabajo de técnica.

  1. Bajar la cabeza:

Si hacemos las cosas bien, siempre debemos ir con la cabeza alta, ¿no?

Pues cuando trabajamos la técnica de carrera lo mismo. Recordemos que estamos intentando aprender y asentar el mejor gesto técnico, pues en este caso pensemos también en la actitud. Me explico. Muchas veces tendemos a mirar hacia abajo, a no llevar la cabeza erguida cuando realizamos estos ejercicios… Eso, sin querer, hace que nos hagamos “pequeñitos” y que de alguna manera tendamos a encorvarnos.

Yo siempre explico que debemos pensar que tenemos un hilo en la parte superior de nuestra cabeza y que lo debemos mantener tenso cuando realizamos técnica. Esto nos ayuda a “crecer” y con ello a mantener la espalda más erguida, a extender durante la impulsión y nos permite más espacio para llevar la rodilla más alta. ¡Casi nada, eh! Pues eso, cuestión de actitud, vayamos con la mirada al frente e hinchando el pecho con lo bien que lo hacemos.

2. Olvidarnos del tronco

Otro de los errores es no mantener activo el tronco, ese CORE que hace de bisagra entre nuestros miembros superiores e inferiores. Pensemos que al final, en este tipo de trabajo, estamos realizando un trabajo de fuerza en el que debemos buscar mantener el tronco erguido y perpendicular al suelo, sin inclinarnos excesivamente hacia atrás o hacia delante.

Eso, señores, se consigue activando conscientemente el abdomen (con ese olvidado trasverso), los lumbares y glúteos.

Además, esto también nos protege en los impactos algo más agresivos en este tipo de trabajo

3. La técnica imposible de brazos

¡Ay los brazos! ¡Qué no corremos solo con las piernas! Y menos en distancias muy largas.

El movimiento debe ser natural, sin excesiva rotación del tronco (lo sé, no soy la más indicada, pero cuando lo entreno, intento mejorarlo). La oscilación debe ser de atrás a delante y hacia arriba, con el codo flexionado en unos 90º y la articulación del movimiento debe arrancar desde el hombro, que no debe estar demasiado tenso o elevado. Sin cruzar los brazos excesivamente. Podemos perder un montón de energía por el tren superior, además de asociarlo a sobrecargas dolorosas, como por ejemplo en el cuello.

Yo siempre pongo un ejemplo para qué pensamos visualmente en esto : el de los móviles de papel que hacíamos en el colegio… ¡pensad en esas chinchetas doradas que usábamos para que moviesen los brazos!

4. Amortiguar el impacto

Debemos buscar siempre el trabajo con la máxima extensión de la pierna, sobre todo en el momento de impulso.

Un fallo que suele existir es hacer los ejercicios sin mantener suficiente tensión en las piernas, dejando la rodilla de la pierna de apoyo flexionada. Hay que sentir que la rodilla esta fuerte y eso nos permite transmitir la fuerza aplicada desde la articulación del tobillo y el trabajo de pie, mientras que la rodilla se mantiene extendida. Eso nos ayuda en ese objetivo de crecer, de alargarnos verticalmente y de desplazarnos.

5. El pie colgón

Cuántas veces habréis oído eso del zarpazo o habréis intentado correr de antepié. Yo siempre digo que es la consecuencia de tener fuerza suficiente para lograrlo y no de forzar el apoyo. Además, para ese tipo de apoyo es necesario correr a ritmos altos (como en una competición o carrera) cosa que no siempre ocurre. Lo que sí es importante es no dejar el pie caído, sino como decimos en atletismo: armado.

El pie debe estar activo y reactivo, buscar una cierta posición de flexión e intentar no dejárnoslo debajo del culo solamente, sino buscar que quede bajo esa rodilla que también buscamos subir.

Espero que estos pequeños consejos estén presentes el próximo día que vayas a entrenar y que de alguna manera los interiorices para mejorar. Pero, sobre todo, espero que os parezcan útiles y que os gusten.

Y tú, cuéntame, ¿te has sentido identificado en alguno?

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