Domingo de Resurrección

Sin duda, terminamos la penitencia no de Semana Santa, sino de esta larga lesión…Aunque reconozco que hasta el abordarla ha sido complejo, ya que la cirugía necesaria para ‘arreglarme’ el chasis no ha sido sencilla y el proceso de recuperación sera algo largo.

Muchos me habéis preguntado por mi lesión y ciertamente hasta que no hemos tenido en firme el diagnóstico, ha sido complicado explicar la complejidad de la misma. El pasado año le pusimos por fin nombre: Endofibrosis en la arteria iliaca externa. La creación de un callo interno en la arteria que reduce el calibre de la arteria que irriga la pierna, a lo que añadir la flexión de cadera durante la carrera, que hacía que mi pierna se colapsase (una caída de la circulación de más del 40%).  A partir de ahí, menos por el standby que ha supuesto el embarazo en su diagnóstico, todo ha ido algo más rodado. Tocó hacer un par de pruebas más y con todo en firme viajamos rumbo a Gijón.

Esa es otra de las grandes preguntas de este proceso… ¿Por qué Gijón? Allí se encuentra el Doctor Javier Álvarez, pionero y especialista en tratar esta lesión en deportistas. Pionero porque en su momento supuso el intervenir en cirugía abierta a gente ‘sana’, deportistas de hecho. De su mano, así como la de Benjamín Fernández (quien nos ayudará en el proceso de readaptación a la carrera), fue más fácil comprender porque había podido sucederme esto y sobre todo, ver que todo lo que me pasaba era completamente comprensible.

Así que tras la ayuda de El Salud de Aragón se autorizó el traslado de mi caso al Hospital de Cabueñes. Para ese proceso tuve la ayuda de los Doctores Pepe Sarasa, Javier Pérez Monreal y Dori Recio, así como la preocupación y mediación de Mariano Soriano y Manuel García Encaro. Un vez en Gijón, una prueba más y muchos días sin ver a flaquito. En la arteriografía (compartiré la imagen) del lunes, se veía efectivamente la lesión de libro… con lo que costó llegar hasta aquí y luego todo parecía tan evidente. De hecho, se vio la lesión y también otra en la arteria femoral (la que irriga al muslo, que casualidad). Así que para ese miércoles había tajo, literalmente.

La cirugía consistía en abrir buscando la zona dañada de la arteria, mientras se realiza un clampaje (se cierran los extremos con pinzas vasculares para evitar hemorragia), se limpia ese callo que tiene textura mucosa y se cierra con un parche extraído de una vena (en este caso la safena de la misma pierna). Y luego a cerrar todos los planos abiertos, dónde el más susceptible para mi es el muscular, debido a la ‘potencia’ de mis abdominales.

Llegados a este punto, como buena periodista creo que ya os he informado del Cómo, Cúando, Dónde, Quién…y me faltaría de las 5’Ws el Por qué. Y esa es la más difícil de conocer en este caso. Este tándem Ávarez- Fernández han tratado muchos casos de ciclistas, aunque ciertamente en atletismo no parece conocido. A lo que me surge la duda de que quizá hayan existido más casos y no hayan sido diagnosticados. No todo el mundo es tan cabezón como yo y sigue compitiendo tres años con este dolor. Parece existir un matiz mecánico, por la técnica repetitiva y gestual durante el esfuerzo, en el ciclismo por la posición del sillín en mi caso por ‘subir rodillas’ (de hecho la lesión estaba algo más abajo que donde se encontraría en un ciclista). Pero también tienen la duda de que pueda existir un factor de una mala adaptación al entrenamiento. A veces se tiende a sobreentrenar sin pensar que pueden existir consecuencias como esta, donde la sobre exigencia podría tener también culpa.  De hecho, ellos tiene fijado el cuentakilómetros de los ciclistas intervenidos a partir de 100.000 kms, yo tengo ahora como deber, intentar calcular cuántos kilómetros he podido meterles a mis pies.

Y llegados aquí, como cierre, podemos incluir un ¿para qué?. Pues no te creas que no me lo pensé cuando me desperté en la REA, cuando vomité, cuando no me dejaban levantarme de la cama, cuando no podía ver a mi bebé…Pero lo supe cuando hable con los doctores y Luis y vi la esperanza al final de todo el proceso. Volver a correr, me da igual a qué ritmo o nivel, pero sin dolor, una nueva oportunidad para intentarlo. Tan nueva como una niña, ya que mi cuerpo en este tiempo ha sufrido dos grandes cambios: el embarazo y la intervención. De hecho, soy yo sin ser yo, porque en este proceso mi mente también ha cambiado. No soy mi primera preocupación y tras más de un año sin competir, mi sistema nervioso también va a ser otro. Sin duda, todo un proceso de renovación forzoso.

Así que si has llegado hasta aquí, quizá empieces a leer futuras letras de ilusión o al menos satisfacción por haber luchado por volver a intentarlo. Quizá también veas unas feas cicatrices. Aunque yo siempre he sospechado de la perfección, ya que creo que las heridas, las marcas, las cicatrices, las lesiones e incluso las arrugas, son la seña de la experiencia que nos construye y nos ayuda a reinventarnos. Toca empezar de cero,  me toca reinventarme y sí, lo haré otra vez y esta vez, seré más eficiente y puede que me lo tome hasta menos en serio. A fin de cuentas, esto es un juego…

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